Mientras se destinan recursos a nuevas esculturas, el patrimonio histórico de La Gomera continúa esperando. La Cueva de Guadajume sigue sin la protección y puesta en valor que merece. Las Toscas del Guirre continúan deteriorándose, junto a otros lugares históricos de gran interés. Incluso durante años ha existido una calle dedicada a Hautacuperche en el barrio del Calvario, en San Sebastián de La Gomera, con el nombre mal escrito.
¿De qué sirve hablar de identidad si ni siquiera somos capaces de cuidar aquello que verdaderamente la representa?
Las Toscas del Guirre son un ejemplo claro de esta contradicción. Se trata de un enclave de enorme valor arqueológico y simbólico para comprender la historia de los antiguos gomeros. Sus inscripciones líbico-bereberes, su posible relación con prácticas de carácter ritual o astronómico y su singularidad dentro del patrimonio insular lo convierten en un espacio que debería ocupar un lugar central en cualquier política de conservación histórica.
Lo mismo ocurre con la Cueva de Guadajume, un enclave de gran relevancia histórica y arqueológica asociado a la Rebelión de los Gomeros de 1488. Hoy sigue en manos privadas, sin posibilidad de visita pública y sin haber sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Diversos colectivos culturales e incluso formaciones políticas han instado al Cabildo Insular a iniciar el expediente correspondiente, sin que hasta el momento se conozcan avances significativos.
La protección, difusión y puesta en valor de estos espacios no han estado a la altura de su importancia. Y así, mientras se habla de identidad en términos institucionales, los lugares donde esa identidad se originó continúan sin una estrategia real de conservación.
En este contexto se enmarca la nueva escultura dedicada a la Rebelión de los Gomeros, uno de los episodios más relevantes de nuestra historia. El monumento se ha ubicado en el mirador de la Degollada de Peraza, cuyo propio nombre remite al conde Peraza, mientras la figura de Hautacuperche apenas permanece en la toponimia urbana, en una calle poco transitada del barrio del Calvario en San Sebastián de La Gomera, además con el nombre mal escrito durante mucho tiempo.

Resulta inevitable comparar esta escultura con la de Valle Gran Rey, donde Hautacuperche aparece erguido, fuerte y solemne. Allí no se enfatiza la violencia, sino la determinación de un pueblo que, tras la ruptura del pacto de colactación, se levanta contra los abusos del conde Peraza. Esa representación transmite orgullo, dignidad y continuidad histórica.
Lo más preocupante, sin embargo, no es la escultura en sí, sino lo que representa en un sentido más amplio: una forma de gestionar la cultura basada en el escaparate.
La cultura no se protege inaugurando y colocando monumentos. Se protege restaurando, investigando, conservando y enseñando. Se protege abriendo la Cueva de Guadajume, evitando el deterioro de las Toscas del Guirre y cuidando cada elemento de nuestra memoria colectiva con el mismo interés que se dedica a los actos institucionales.
Menos identidad como escaparate y más compromiso real con el patrimonio.





