Durante la Semana de la Movilidad Sostenible celebrada recientemente en La Gomera hemos vuelto a escuchar un mensaje que se repite cada vez con más frecuencia: el transporte público insular funciona, Guaguas Gomera bate récords de pasajeros y la isla avanza hacia un modelo de movilidad más sostenible.
Y es cierto. Más personas están utilizando la guagua. Es un dato positivo que debe reconocerse. Pero convertir ese único indicador en una prueba de que la movilidad sostenible está avanzando en La Gomera supone ignorar una parte fundamental de la realidad: mientras aumentan los usuarios del transporte público, también sigue creciendo de forma preocupante el número de vehículos privados.
La pregunta incómoda es evidente: ¿estamos realmente sustituyendo el coche por alternativas sostenibles o simplemente estamos añadiendo usuarios al transporte público mientras el vehículo privado continúa ganando terreno?
Los datos apuntan a lo segundo.
Según el análisis realizado por el Centro de Estudios e Investigaciones Oroja (CEIO), con datos del Instituto Canario de Estadística (ISTAC), durante 2025 La Gomera habría incorporado alrededor de 300 nuevos turismos de combustión. Un año más, el parque automovilístico continúa aumentando, consolidando una tendencia que parece incompatible con los objetivos de reducción de emisiones que se plantean desde las instituciones.

Resulta especialmente paradójico que este crecimiento acelerado del número de vehículos coincida precisamente con el periodo posterior a 2015, año en el que se firmó el Acuerdo de París para combatir el cambio climático. Desde entonces, La Gomera ha recibido numerosos programas, estrategias y fondos destinados a impulsar la sostenibilidad. Sin embargo, cuando se observan los datos de movilidad, la sensación es que la transformación prometida avanza mucho más lentamente que los discursos.
Una isla declarada Reserva de la Biosfera, con un territorio limitado, una población reducida y unos ecosistemas extremadamente sensibles, no puede permitirse analizar la movilidad únicamente desde el número de pasajeros que utilizan las guaguas. La sostenibilidad no consiste solamente en llenar autobuses; consiste en reducir la dependencia del coche privado, disminuir las emisiones y ofrecer alternativas reales para que la ciudadanía pueda dejar el vehículo en casa.
Porque la realidad es que el coche sigue siendo el auténtico protagonista de la movilidad gomera.
Los datos del parque móvil reflejan una fuerte dependencia del vehículo privado. Con una población adulta con permiso de conducir cercana al 83% de la población total, hablamos de aproximadamente 16.000 personas con capacidad para conducir. Frente a ello, en 2025 la isla registraba alrededor de 10.771 turismos. Es decir, cerca de siete turismos por cada diez personas con carné de conducir.
Y estas cifras solo hacen referencia a turismos. Si se analizara la totalidad del parque móvil, incluyendo motocicletas, vehículos comerciales e industriales, la dimensión del problema sería todavía mayor.
Otro de los grandes fracasos de esta transición es la electrificación del transporte. Mientras los vehículos de combustión siguen aumentando, el vehículo eléctrico continúa teniendo una presencia testimonial.
Hace apenas unos años, dentro de las previsiones recogidas en la Estrategia del Vehículo Eléctrico desarrolladas por la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias, se planteaba que La Gomera pudiera alcanzar en 2025 cerca de 1.916 vehículos eléctricos. La realidad está muy lejos de aquella previsión: los datos actuales reflejan alrededor de 139 turismos eléctricos.

La diferencia entre lo planificado y lo conseguido debería servir como motivo de reflexión. No basta con aprobar estrategias, presentar planes o anunciar objetivos ambiciosos. La sostenibilidad se mide en resultados.
Mientras tanto, continúan llegando importantes inversiones públicas vinculadas a la transformación sostenible de la isla, como el proyecto Gomera36 con la aspiración de convertir la isla en un referente internacional de sostenibilidad. Pero un referente sostenible no se construye únicamente con financiación y titulares; se construye cambiando realmente la forma en la que la población se desplaza.
Además, la movilidad sostenible no puede reducirse al transporte colectivo. La Gomera sigue teniendo importantes carencias en alternativas al coche: no existe una red adecuada de movilidad ciclista interurbana, faltan conexiones que permitan combinar distintos modos de transporte y siguen existiendo quejas ciudadanas relacionadas con horarios, frecuencias y paradas del transporte público.
La pregunta que debería hacerse la isla es si el actual modelo está consiguiendo que menos personas necesiten utilizar el coche o si simplemente estamos haciendo compatible un aumento del transporte público con un crecimiento paralelo del parque automovilístico.
Porque ambas cosas pueden ocurrir al mismo tiempo.
Tener más pasajeros en las guaguas es positivo, pero no significa automáticamente que la movilidad sea sostenible. Si cada año aumentan los vehículos de combustión, si la electrificación no despega y si no se desarrollan alternativas reales al automóvil privado, entonces el cambio de modelo todavía no se ha producido.
La Gomera tiene una oportunidad única para convertirse en un ejemplo de movilidad sostenible, pero para ello será necesario algo más que celebrar cifras récord de pasajeros. Será necesario medir también aquello que todavía no funciona, reconocer las carencias existentes y afrontar un debate incómodo: una isla sostenible no puede depender cada vez más del coche.
Fuentes del artículo:
- CEIO – Centro de Estudios e Investigaciones Oroja: evolución del parque de turismos 2015-2025.
- ISTAC – Estadística de Transporte Terrestre (E70044A)
- Gobierno de Canarias – Estrategia del Vehículo Eléctrico de Canarias (2021), tabla de previsiones de parque eléctrico.
- Estrategia Gomera36: https://www3.gobiernodecanarias.org/





