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Canarias Cartas de Lectores Cultura

20 N. “DÍA DEL DOLOR”

Autor: Francisco Javier González

Cuando era un pibe de pantalón corto todos los 20 N se celebraba, obligado, el “Día del Dolor” para rememorar la muerte del “Ausente”, el tal José Antonio Primo de Rivera, asesinado, se decía, por las turbas rojas y cuya foto en blanco y negro hacía pareja con la del Caudillo a los dos lados de la pizarra de todas las aulas escolares del Estado Español, que todavía no era reino, pero si se suponía el heroico heredero de pretéritas glorias imperiales que seguía clamando “Por el Imperio hacia Dios”. Ese día, en mi Aguere natal, en la iglesia de la Concepción se ponía un catafalco de paños negros sustentando un ataúd, se supone que vacío porque no había cadáveres de José Antonio suficientes para cubrir la demanda de todo el Estado con aquella pantomima. Ni siquiera un cachito como reliquia que, en eso, los curas eran muy celosos y aún, a pesar de la Cruzada, no estaba ni beatificado. Grandes velones a los lados, curas con sus canturreos, monaguillos con incensarios humeantes y autoridades de luto riguroso o camisa azul mahón bajo blanca chaqueta con insignias de cangrejos enyugados bordadas.

Ya por los 60 esa farsa se había acabado pero quedaba la fecha. El 20 N, aunque el omnipresente Franco hacía innecesaria la presencia fantasmal del “Ausente” y sus catafalcos. Esa fecha había que aprovecharla y así, al más que moribundo Caudillo en noviembre de 1975 lo fueron acotejando para que durara hasta el 20N en que, según su yerno y otras eminencias médicas murió de “choque séptico”, una especie de autoenvenenamiento, algo así como la muerte de una víbora que se ha mordido la cola. Ese día en muchos centros de trabajo, tras ver por TVE, en blanco y negro pero no por luto, cuando apareció una especie de mono llorón proclamando solemnemente “Españoles, Franco ha muerto” se brindó por la fausta noticia. En mi caso, lo hicimos con vino de la Cruz Santa, muy a tono con la circunstancia.

Lo que vino después es bien sabido. Al heredero, Juan Carlos, hubo que numerarlo como Juan Carlos I y todos se dedicaron a transicionar a diestra y siniestra mirando de reojo a sables, bayonetas y casullas que controlaban el contubernio, perdón, el cotarro. Este año, con la momia incapaz de acaudillar nada, desahuciada con honores, todo hay que decirlo, residiendo Mingorrubio que, al fin y al cabo, es El Pardo, localidad y palacio donde vivió de okupa,la TVE, ahora en color, nos mostró la imagen de sus fieles devotos , una colección de ancianas señoras y el chino franquista que, con una guagua tuvieron suficiente para trasladarlos todos a Cuelgamuertos. Una misa en la basílica y luego a Mingorrubio entre cantos y vivas a una España suya que vuelve a amanecer, pero con una mala resaca. No sé qué harían sus hijos putativos de VOX, PP y algunos más, pero el espectáculo de la guagua de viejas glorias fachillas era, realmente, penoso.

En Canarias deberíamos tener otro 20 N de recuerdo glorioso, el aniversario de la REBELIÓN DE LOS GOMEROS. Esta podría ser, como los aniversarios de las batallas de Acentejo o de Tirajana fechas de recuerdo nacional. La del 20 N para los gomeros tiene, como importancia histórica, la que nuestras –es un decir- autoridades coloniales y colonizadas se niegan a reconocer. Tras muchos años solicitándolo por el Centro Amílcar Cabral se consiguió, con la ayuda de Erasmo de Armas, que ya mora con Hupalupa y Hautakuperche, que se le pusiera sus nombres a dos calles paralelas. Bueno, llamarlas “calles” es un eufemismo. Son dos callejones con escalones de una sola vivienda por lado colocadas, para más inri, junto al cuartel de la Guardia Civil por si a sus espíritus rebeldes les diera por volver a las andadas.

Ya hace años que se ha abandonado aquella celebración que iniciamos con el Centro. El Cabildo y el Ayuntamiento solo tienen ojos para los estafadores cortesanos de la monarquía (Teatro Infanta Cristina, judicialmente condenada y ahí sigue su nombre) y los fastos colombinos en que no importa el gasto si se festeja que Colón –que da nombre a la mejor avenida de la Villa- pasó a coger agua y echarle, de paso, alguna muestra de aprecio a la ninfómana Bobadilla, la viuda del criminal Peraza. Para recordar este hecho copio parte de un artículo mío de 2016 suprimiendo todo lo que se refería al fenecido 20N hispano que formaba parte del mismo: Esos silbo sque nombro de “Ya se rompió el Gánigo de Guahedum” no han vuelto a sonar. ¿Será el gomero un “pueblo muerto” que olvida su historia?

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