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Canarias Economía En portada

La dependencia excesiva (Turismo y mas turismo)

Que se sepa, no existe en el mundo actual ningún país, territo­rio o actividad econó­mico que no viva den­tro del cauce de un ciclo económico ni que se vea libre de sus fases principales: la amenazante re­cesión y la bienvenida expan­sión.

No soy de los que piensan que las recesiones son inevitables, pero sí creo en la periodicidad de las crisis, sobre todo cuan­do la riqueza de un país o de uno región procede de un único sector pro­ductivo. Y lo recuerdo porque nuestros gobernantes, muchas veces, parece que no lo tienen en cuenta a la hora de di­señar sus políticas preferenciales. ¿Qué quiero de­cir con esto?

Pues simplemente deseo alertar de los peligros que entra­ña la dependencia excesiva del turismo en las Islas dejando de lado las actividades del sector agropecuario y de la pesca. ¿Se imaginan ustedes lo que podría pasar si por alguna razón el tu­rismo «volara» hacia otros des­tinos olvidando a las Islas por un tiempo? Sería catastrófico.

Estampa fantasmagórica de cruceros sin turistas (Playa de las Gaviotas- S/C Tenerife 2020)

La inmenso infraestruc­tura que se ha creado se conver­tiría en exceso de oferta, uno de los peores males económicos, afectando de manera extraordi­naria a lo inversión que se redu­ciría a niveles ínfimos. Cuando no hay inversión y, sobre todo, cuan­do lo inversión realizada no pro­duce beneficios el que paga los platos rotos es el empleo. Pero una posible crisis turística no es el único aliciente que debe llevar­nos a poner los cimientas de una econo­mía diversificada.

Hoy muchos más y me gustaría exponerlos. Primero, nuestro clima pri­vilegiado nos permite el cultivo de prác­ticamente cualquier especie y tenemos la experiencia de la piña tropical en El Hierro y de la papaya y otros frutos que tan bien se dan en las islas occidenta­les; segundo, un sector primario fuer­te sirve como mercado para el sector industrial y para el sector servicios, además de ser una fuente de capital para la modernización económico; ter­cero, nuestra inexistente industria y nuestro saturado sector turístico ha­cen que el coste de oportunidad de de­jar el campo sea muy grande o, dicho de otro modo, teóricamente no debe­ría ser rentable abandonar la agricul­tura para el agricultor o ganadero ca­nario porque se va a encontrar con un sector terciario que ya no es referen­te de empleo y con un sector secundario imposible de surgir porque no se da la ventaja comparativa tan necesaria en estos casos.

Por último, no quisiera olvidar­me del principal problema que atisbo. el reducido mercado con el que conta­mos y en consecuencia lo corta deman­da que, según nuestro número de habi­tantes, podrían tener (que tienen) nuestros productos. Este problema no debería ser tal si sumamos la población canaria y los millones de visitantes que pasan por las islas durante un año. En consecuencia, lo que falla son los canales que llevan los productos al mercado y los procesos de distribución entre las islas y dentro de ellas.

Un ejemplo de esto último es la situación pesquera en la isla de La Go­mera: mientras los pescadores de Playa de Santiago (y de otros sitios si es que queda alguno en estos momentos) no sa­ben cómo conservar y distribuir sus pro­ductos, el resto de ciudadanos compramos productos congela­dos y de fuero porque el “politiqueo” que nos gobierno de­fiende, entre otras barbarida­des, la introducción de la flota arrastrera holandesa en nues­tros puertos o la construcción de un macro-frigorífico para cambiar unos pingües beneficios por lo destrucción de nuestros bancos pesqueros.

Por todo esto debemos aprove­char cada una de las ocasiones, por ejemplo, el Convenio de Cos­tas (recientemente firmado) para adecentar unos litorales que deben dejar espacio e infra­estructura para la actividad pesquera. Otro problema (este de fácil solución política) es que, como quieren nuestros gober­nantes nacionalistas (¿?), lle­nar nuestro territorio de mul­tinacionales y de grandes, ¡per­dón!, enormes superficies don­de los tomates y las cebollas son de un país–huerta de los E.E.U.U. o de una neocolonia en África mientras el joven canario que quería ser agricultor se confor­ma con descargar camiones para la susodicha multinacional.

Termino copiando una frase del historiador Gabriel Tortella: «…los países que, por las razones que fueren, re­sultaron incapaces de -revolucionar- su agricultura, su ganadería y su pesca per­manecieron atrasados durante muchísi­mo tiempo».

Gonzalo Herrera Arteaga (Economista) -N°9 de la Revista Eseken

Fuente: Gonzalo Herrera Arteaga. (1999). La dependencia excesiva (Turismo y mas turismo). Eseken , n°9, julio, agosto y septiembre de 1999, pág. 16.

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